El perfeccionismo disfrazado de responsabilidad (y por qué te está dejando sin aire)

Si trabajas en el sector de bienestar, es muy probable que seas una persona responsable.
De las que se implican. De las que no quieren fallar. De las que cuidan cada detalle porque trabajan con personas.

Esto es una gran fortaleza.

El problema aparece cuando esa responsabilidad empieza a ocupar demasiado espacio y, poco a poco, se transforma en perfeccionismo.
No el que se nota a simple vista, sino el que se justifica como compromiso, como profesionalidad o como “hacer las cosas bien”.

Cuando la responsabilidad empieza a frenar más de lo que ayuda

Este tipo de perfeccionismo no suele sentirse como un bloqueo evidente. Más bien se manifiesta de forma discreta, a través de pensamientos muy habituales como:

  • “Aún no está del todo listo”.

  • “Voy a revisarlo una vez más”.

  • “Prefiero lanzarlo cuando esté mejor trabajado”.

  • “No quiero ofrecer algo si no es excelente”.

Dicho así, todo parece razonable.

Sin embargo, cuando estas frases se repiten una y otra vez, lo que ocurre es que las decisiones se retrasan, entras en una especie de espera constante.

Mientras tanto, tú sigues haciendo mucho…
pero avanzando poco.

Qué hay realmente detrás de este perfeccionismo

Este patrón no aparece porque no sepas lo suficiente ni porque te falte preparación.

Aparece porque te importa tu trabajo y porque asumes una gran parte de la responsabilidad emocional de lo que haces.

Te importa:

  • Cuidar a tus clientes.

  • No decepcionar.

  • Estar a la altura de lo que prometes.

  • Sentirte coherente con tus valores.

Y, como consecuencia, empiezas a cargar con más de lo necesario:

  • Ajustas demasiado.

  • Alargas procesos.

  • Te adaptas siempre tú.

  • Te exiges antes de pedir nada a cambio.

Y todo esto se convierte en exceso de autoexigencia sostenida en el tiempo.

Responsabilidad profesional vs. perfeccionismo encubierto

Aquí conviene hacer una distinción clara.

La responsabilidad sana te permite:

  • Cumplir lo que ofreces.

  • Trabajar con criterio.

  • Tomar decisiones razonables.

  • Aceptar que siempre habrá margen de mejora.

El perfeccionismo disfrazado aparece cuando:

  • Te cuesta cerrar etapas.

  • Simplificar te genera incomodidad.

  • Prefieres revisar antes que decidir.

  • Todo pasa por ti “para que salga bien”.

La diferencia está en cómo te afecta a ti y a la sostenibilidad de tu negocio.

Cómo este bloqueo impacta en tu trabajo

Cuando esta forma de actuar se mantiene una y otra vez, suelen aparecer consecuencias muy concretas:

Por un lado, tus servicios se alargan más de lo previsto.
Por otro, tus precios no siempre reflejan todo lo que das.
Además, tu agenda se llena, pero la sensación de estabilidad no llega.

Y, poco a poco, aparece una idea incómoda:

“Trabajo mucho, pero sigo sin sentir que mi trabajo me sostenga.”

Esto significa que estás soportando demasiado peso en solitario.

En tu comunicación también se nota

Este perfeccionismo también se cuela en la forma en la que comunicas tu trabajo.

Suele verse en:

  • Textos largos.

  • Muchas explicaciones.

  • Exceso de matices.

  • Dificultad para ser directa.

El resultado es que la persona que te lee no se pierde porque tú no sepas comunicar, sino porque no le estás marcando un camino claro.

Y aquí hay algo importante: la claridad no quita el cuidado del detalle. Al contrario, lo hace más accesible.

El miedo silencioso que sostiene esta perfección

En muchos casos, lo que hay debajo no es miedo a vender, sino miedo a:

  • No cumplir expectativas.

  • Equivocarte.

  • Sentir que fallas a alguien.

  • Exponerte sin tenerlo todo controlado.

Este miedo es comprensible cuando trabajas con personas.
Aun así, conviene recordar algo sencillo pero importante:

No avanzar también tiene consecuencias.
Y casi siempre recaen sobre ti.

¿Qué cambia cuando bajas un poco el nivel de exigencia?

Soltar el perfeccionismo no implica bajar la calidad de tu trabajo.
Implica recolocar la responsabilidad.

Cuando aflojas un poco:

  • Decides con más claridad.

  • Comunicas de forma más simple.

  • Pones límites más sostenibles.

  • El negocio empieza a apoyarte a ti también.

Curiosamente, esa claridad suele generar más confianza que la búsqueda constante de hacerlo todo perfecto.

Si últimamente sientes que:

  • Siempre estás revisando algo.

  • Te cuesta poner punto final.

  • Nunca terminas de sentirte del todo lista.

Es posible que no necesites más formación ni más esfuerzo. Quizá necesites dejar de cargar con todo.

Revisar esto no te quita profesionalidad. Te devuelve espacio, foco y energía.

Muchos negocios de bienestar no se estancan por falta de talento, sino por exceso de autoexigencia.

Ordenar, simplificar y decidir también es una forma de cuidar tu proyecto y a ti.

Si te has visto identificado con algo de lo que acabas de leer, es probable que tu negocio no necesite hacerlo mejor, sino hacerlo más sostenible.

Y ese cambio, aunque parezca pequeño, suele marcar un antes y un después.

Oficina Creativa y Estratégica

Contacto

Oficina Creativa y Estratégica

Contacto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *